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Debates suizos.

Los-suizos-se-niegan-a-ingreso-basico

A menos que usted viva en una de esas utopías escandinavas donde los trenes llegan a tiempo, los funcionarios renuncian por vergüenza y los diputados saben multiplicar sin calculadora, los debates públicos de su realidad suelen ser un poco más dramáticos. Más realistas.

Ya sabe. Aquí, en los países normales, con ciudadanos corrientes y gobiernos igualmente normales, discutimos asuntos bastante más elementales. Cosas del tipo: ¿quién va a pagar las pensiones de los jubilados? ¿cómo se salvará Pemex? ¿de dónde salieron tantos gobernadores encarcelados? ¿porqué no hay medicinas? Cosas más mundanas. Cosas de supervivencia institucional básica.

Mientras tanto, en otras latitudes, los humanos se entretienen con debates como Trump o no Trump, el Brexit, la inmigración, los refugiados sirios o el cambio climático. Y luego está Suiza. Porque Suiza juega en otra liga. ¿Cuál? No sé, pero otra.

Acabo de leer sobre el referéndum celebrado en Suiza en estos días. La propuesta consistía en preguntar a los ciudadanos si deseaban recibir un ingreso básico universal equivalente a unos 2,250 euros mensuales simplemente por existir. Repito. Por existir. No por trabajar. No por emprender. No por producir. No por inventar la cura del cáncer. Por respirar.

Mientras usted decide si podrá jubilarse antes de morir o si alcanzará para llenar el tanque de gasolina, los suizos discuten la posibilidad de depositar cuarenta y tantos mil pesos mensuales en la cuenta bancaria de cada ciudadano por el simple mérito biológico de seguir vivo.

¿Y todavía preguntan si la socialdemocracia funciona? Al parecer la economía y la estabilidad en estas extrañas utopías nórdicas va tan bien, que este tipo de plebiscitos son ya normales entre sus agendas políticas. Otros países como Bélgica y Noruega, además de Dinamarca y Finlandia también se han visto en la penosa situación de preguntarle a sus ciudadanos si les gustaría recibir o no manutenciones básicas debido al excedente en las arcas públicas. Al parecer en estos países fantoches las cosas van tan bien que necesitan restregárnoslo en la cara. A todos.

Uno aquí intentando descifrar si el plagio presidencial constituye una tragedia nacional, una falta administrativa o una travesura juvenil, mientras los suizos se reúnen para debatir si el exceso de prosperidad está siendo correctamente distribuido. Es una grosería. Una franca provocación. Una falta de respeto diplomática.

Lo encuentro francamente ofensivo. Suiza, Noruega, Dinamarca, Finlandia y toda esa pandilla de países insoportables pueden venir a besarme el hoyo. Son los niños del salón que preguntaban si no iba a haber tarea justo cuando sonaba la campana. Inmamables. Nadie los quiere. De verdad.

En fin, el referéndum levantado entre los suizos este 5 de Junio (2016) quedó con un 78% de votos en contra. Sí —leyó bien— en contra. Les ofrecieron dinero gratis y dijeron que no. Y en ese momento comprendí que Suiza ya no pertenece a nuestro plano de existencia. Es otra civilización. Otro universo. Otra especie.

¿Entiende usted el nivel de estabilidad económica, social y psicológica necesario para rechazar dinero gratis? Ni siquiera puedo procesarlo. Carajo.

Me lleva la &%$@#…

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